Buscando divinidades

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Reyes de Italia descansan en este edificio, los restos del pintor Rafael descansan en este Panteón que hace de su nombre un hecho al albergar los restos de personalidades de la Italia monárquica y de uno de sus símbolos renacentistas. Su interior impresiona tanto como su exterior porque aparece como imponente a primera vista, cumple con su propósito de Panteón y su cúpula que no podrás disfrutar hasta entrar es de tal tamaño que difícilmente podrás tomar una fotografía que le haga justicia.

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Hay algo que me llama la atención de este lugar y es que por más consultas que hago a través de Internet en su interior hay pocos cambios, según leo prácticamente lo que vi es muy parecido al templo que se construyó hace aproximadamente veinte siglos porque a pesar de que las divinidades que esperaba encontrar en su interior evidentemente no se conservan allá si que sus capillas siguen intactas, el color interior de su mármol parece poco o nada dañado, del suelo aún se conserva mucho del original y hasta su especial desagüe para el agua que entra a través de su óculo justo en el centro de la enorme cúpula.

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De la cúpula no puedo mostrar su dimensión desde su interior pero puedo decir que el peso es un trabajo impresionante de ingeniería de veinte siglos atrás que ha soportado otros tantos hacia adelante y aún nadie ha tumbado, material pesado pero a su vez ligero y soportado por la propia arquitectura que en su ingenio apenas cuenta con columnas que la soporten.
Sinceramente y a pesar de las guías me sorprendió encontrar la tumba de Rafael en un edificio con entrada gratuita y con piezas de la historia como la Madonna del Sasso que fue encargada por el propio Rafael y bajo la cual descansa el pintor.

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Pero el futuro del Panteón tras el Imperio Romano peligraba no por el paso del tiempo sino por la descendencia católica de Roma por lo que en un acto inteligente se regaló el templo a la iglesia católica que lo convirtió en Santa Iglesia sustituyendo las divinidades romanas tan buscadas por mí a la entrada por santos católicos, de no ocurrir esto hacia el siglo VII hoy no habría podido disfrutar de este fantástico edificio.

 

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Un detalle informativo que les puedo dar es que tomar un café en la Piazza les puede costar lo que diez en cualquier cafetería de Málaga o lo que cien en nuestra querida Colombia pero evidentemente no podrán contemplar la belleza de la historia frente a tus ojos por lo que pregúntense cuanto valoran veinte siglos de historia. Hablando de precios les cuento que la entrada es gratuita aunque creo que ya lo comenté anteriormente pero no olviden que es un templo católico y no sé de alguno que cobren, entren con respeto, descúbranse si llevan gorrito como me pasó a mí o le regañarán, guarden silencio en su interior y sean respetuosos, en otro tiempo los dioses romanos se alzaban sobre sus capillas, hoy tan sólo podemos imaginar que allí por donde nosotros pisamos se pasearon Cónsules, Emperadores y las grandes familias romanas.

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—Lo próximo, una curiosidad venezolana en Roma—
 

Besos @chila

 

 

 

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